Inventar un lenguaje


Voy a tener que inventar un lenguaje nuevo.
Sí, un lenguaje en el que pueda desplegar a todo mi mundo alado.
Un lenguaje simbólico y físico.
Químico.
Metafísico y extra-literario.
¿Ves el cubo de basura que tienes a tu derecha?...tira todas las palabras que vayas a leer a partir de ahora y utiliza tu imaginación.
Voy a por esa gaviota que está en tu terraza, postrada y caliente frente al sol.
Voy a por ella; no me deja cogerla, se escapa y vuela hacia el tejado.
Me mira traviesa y atenta...yo la miro y sonrío.
Me subo y voy a por ella, pero la muy liberada se escapa a patitas saltadoras.
Me río y me siento en el tejado.
Contemplo la tarde de verano que hace, y al fondo: el mar.
Ese mar del que tanto hablan los poetas y tanto acarician los pintores...y tanto disfruto yo, desnuda y excitada.
Línea fina y delgada, como si fuera una mirada tuya, íntima y muy profunda.
Azul, como tú y como yo haciéndonos cosquillas.
Cosquillas de las que lloras y no puedes casi ni reir.
Cosquillas de las que quitan el hipo.
Cosquillas que te hacen bailar de manera sincronizada, y a la vez, un tanto robótica.
Y una vela de un barco asoma el horizonte para decirme que se me quema la cena que estoy preparando.
Esa cena que tanto te gusta y tanto saboreas cuando llamas a la puerta...y siempre llamas.
Llamas al segundo de soñarte, y de repente, me doy cuenta de que tu boca sabe bien esta noche.
De que está bien sazonada y en su justo punto...no quema ni empalaga. Es sabrosa como mi tierna ternera...tan sabrosa y dulce como la gelatina que siempre provocas en mí...cada vez que me miras como si mañana no existiera.

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