martes, 3 de noviembre de 2009

La majestuosidad está en los pies


Hace unas cuantas semanas, después de una comida familiar, me encontré en la orilla de la playa un hermoso caballo llamado Becario(sé que lo he nombrado en algún lado; creo que en twitter) que me dejó perpleja gracias a su porte majestuoso, su clase, su elegancia y su poder. Me encantó ver cómo se paseaba delante de toda la gente que habíamos allí.
Parecía un emperador; de hecho, ERA un emperador. Se comportaba como tal. Su luz era extraordinariamente fuerte, sus pasos eran determinantes y portaban un sonido a realeza y divinidad únicos.
Era un caballo extraordinariamente ÚNICO y muy ESPECIAL.
Cuando volvía a casa en metro seguía pensando en Becario y en su maravillosa aura, y mientras lo hacía, una chica morena gitana comenzaba a pasearse por todos los vagones del tren(antes lo había hecho en el andén mientras esperaba la llegada del metro pero no había centrado mucho mi atención...) sin rumbo fijo y sin mirar a nadie.
Tenía unos ojos verdes preciosos; llevaba un vestido negro muy corto, muchas pulseras plateadas y unas botas de cowboy color rosa chicle que marcaban la marcha de aquella chica "extraña".
Inmediatamente pensé que no estaba bien. No dejaba de pasearse sin mirar a nadie y lo hacía de una forma elegante, femenina e incluso con clase.
Eso sí, todo el mundo la miraba a ella. Su paseo no era provocador pero sí hipnótico. Leí enseguida el pensamiento colectivo: esta chica está como una puñetera regadera. Y cuando salí de aquel metro, me llevé la sensación de que me estaba perdiendo algo...
Por la noche, cuando me metí en la cama para dormir y me relajé, me llegó la respuesta.
Aquella chica era BECARIO, el caballo!!!. Aquella chica estaba mostrando su majestuosidad, su porte REAL. Y no importaba lo que su mente estuviera desarrollando, analizando o pensando ya que su diosa era la que le llevaba de la mano para mostrar la emperatriz que yacía dentro de ella.
Su mirada parecía perdida porque estaba tan dentro de sí misma y disfrutando de esa elegancia andarina que no estaba pendiente del mundo EXTERNO, no era nisiquiera consciente de él. Lo que me enseñó aquella chica joven y Becario el caballo es que la majestuosidad reside en aquellos que escuchan su VOZ y se olvidan de las demás voces porque no sabe que existen. O lo que es lo mismo: DESCONOCEN la mediocridad o la fealdad. La majestuosidad está repleta de belleza y atrevimiento.

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