lunes, 28 de diciembre de 2009

Extranjera en mi propia tierra


Está todo en silencio aquí dentro.
No hay armas ni puñales.
No hay amenazas no dolores.
No hay fantasmas ni pasados.
Me hablan del tiempo y me pregunto si será un estado de ánimo.
Me hablan de la lucha y me pregunto si es una adivinanza.
Me hablan de la educación de los niños y me pregunto qué tipo de chistes harán los niños.
En esta tierra, en la que camino y la que representa mi traje de luces, extraño alguna cara amiga, alguna alma hermana.
Y es una contradicción enorme y enigmática, ya que me rodean las mismas caras de siempre y no reconozco a ninguna.
Y lo más extraño es que creen que yo estoy ahí...pero yo no les pertenezco.
Ya no soy la madre ni la hija, la hermana o la amiga.
Soy la diosa, la extranjera, el tifón y la mar.
No pueden verme porque estoy en todas partes.
No pueden sentirme porque no saben quiénes son.
Soy rápida como el rayo, brillante como cien soles en primavera, profunda como el espacio infinito...
Tan lejana del mundanal ruido, tan lejos, tan lejos, tan lejos que casi asusta la distancia.
Pero cuando amanece en tu universo, el baile de máscaras se acaba y quien creías era tu hermano es un simple pájaro enjaulado y una corta poesía olvidada en un café, todo tu mundo...el que esperas, el que amas.
Escuché una leyenda: "Conocí una vez un hada que siempre cantaba, siempre lo hacía..."

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