domingo, 7 de noviembre de 2010

Un clavel para la gitana

Y paseo entre sombras...pero sigo apilando palabras en las esquinas. 
Y se siguen enamorando las figuras desdibujadas, pero yo estoy lejos de aquí. 
Lejos de mi casa.
Lejos de todo.
Y mientras paseo desnuda y herida, las sanguijuelas se pegan a mi piel y no me importa que acaben con ella...mientras dejen un poco de alma pa cantarle a los míos una sonata.
Y con el pelo alborotado, los labios rojos y el rimel corrío...las lágrimas cantan pa el perfume del moreno.
Y ahí está, como un dios semi-egipcio, con su trono y su cetro, y mi pecho cansado de vivir apasioná y arrinconá con los perros de sus amos. 
Es que tienen  miedo los soldados!!!.
Aún así, les canto un rato.
Y tras el balcón, sale presuroso el caballero convencido de que me tiene atrapá en sus redes de mago.
Y no sólo me tiene atrapá, me tiene degollá, calurosa y temblorosa...es que este medio gitano de los desiertos dorados, es un rey de los de antaño...y yo le pido al florista un poquito de rojo y un poquito de blanco pal torero de la plasa mayor de mi reino.
Y el florista va y viene y me dice: presumia colorá, tú ya tienes bastante con el moreno de marte. 
Aquí tienes tu clavel y no me pidas más arte...que pa eso estás tú y ese pandero andante.
Tápate y no cojas frío-me dice el herrero. No vaya a ser que te hagan de un solo hombre y no puedas jamás despertarte de tu letargo hermoso y flamenco.
Pero yo no le escucho, ya me temo y quiero creer que el moreno baja por las escaleras de la abuela Flor y me tapa con su manta clara y me deja que le entregue... mi clavel de amor.

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