lunes, 25 de abril de 2011

No necesitas los guantes, mujer

No necesitas los guantes, mujer.
No los necesitas para talar ningún árbol, para proteger a tus dadoras, para seducir a la sombra...
No necesitas hacer nada para ser amada.
Tú eres suficiente.
Deja el esfuerzo para la mentira que nos invade en los ropajes que llevamos todos.
No tienes porqué esforzarte...no necesitas hacer nada para sentirte amada.
No tienes que ser lo que otros desean que seas. Son espejos pequeños del miedo...
Tú eres más que suficiente.
Abandónalo todo si estás cansada, no tienes porqué estarlo.
Tu trabajo no es resurgir de las cenizas, tu trabajo es no trabajar para encontrarte.
No necesitas los guantes, mujer...ya no.
Tus manos son para acariciar y ser acariciadas.
Olvida la Historia de la inhumanidad, olvídalo todo. 
Olvida a los hombres que dormían mientras te encontrabas.
Olvídalo todo.
Olvida sus lenguajes acerca del espíritu...iluminado está todo, ya lo está todo.
La última ilusión por dejar de lado es eso llamado iluminación;fue obvio que hubo más iluminadas que iluminados en la Historia inhumana.
Nadie habló de ellas...por eso mismo. 
Ellas no lo necesitaron. Se fusionaron con el presente y se hicieron invisibles para los que buscaban tesoros dentro de su limitada corte de bufones.
Tú tampoco necesitas un hombre, ni un pájaro que te libere de la jaula inexistente, ni correr más deprisa para ver amanecer...
Llega la última a la fiesta y permite que la orquesta toque para ti el último vals. 
No corras ni te entretengas en dorar la pildora a aquellos que no te ven.
Deténte cuando dudes y ríete de la sombra que te abraza.
No pidas perdón por haber amado pero tampoco te conviertas en alfombra de huéspedes inesperados.
Y cuando el dolor se convierta en insoportable recuerda algo: 
Sólo la que conoce su origen puede arder en el infierno y no quemarse.
Déjalo todo cuando la gente desee más de ti. 
Déjalo todo cuando el mundo te exija que seas su puta incansable.
Déjalo todo cuando ya no te reconozcas.
Y olvídate de todas las voces, sobre todo de las voces que jamás pudieron rozarte en sueños.
No tienes que hacer nada para ser amada...
Cuando comiences a demostrar quién eres y de qué eres capaz, ten en cuenta algo: estarás cavando tu propia tumba y no te quedará tiempo para despedirte de ti misma.
Déjalo todo, mujer, todo. 
Tú naciste para resucitar a las estrellas de su lejanía, para hacer cantar a las chicharras, para que el sol no detenga su ciclo, para que tu sueño se haga hombre...

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